Artículo de la Voz de Galicia : "Romper las barreras del autismo"
Mordía, pegaba. Non quería a ninguén. Tiña medo de levala a certos sitios, porque incluso na familia parecía que lle tiñan medo. Aos rapaces pequenos dicíanlle, saíde para fóra que vén ela. Tratábana como un monstro». La que habla es Rosa Sanmartín, que explica como era el día a día de su hija, Rosa Sanlés, de 16 años de edad y que padece trastorno autista, asociado a una discapacidad mental y alteración conductual.
La vida de ambas era una penitencia, una guerra sin fin. Llevarla al médico, al supermercado, a cualquier acto social, era un infierno. El cielo se despejó hace seis años, cuando decidió que el lugar de la pequeña podía estar en el centro de educación especial de Amicos: «Cambiou totalmente. Deixou de morder, de pegar. Mellorounos a vida. Maldito sexa o momento no que non a metín antes. Agora ata fala algunhas palabras».
Xoán España es el director general de Amicos, asociación cuya meta pasa por la integración de personas con discapacidad intelectual, autismo y parálisis cerebral. Explica cuál es el principal problema que deben superar los padres: «Hai unha falta de comunicación. Os rapaces con espectro autista relacionado a outras discapacidades pensan coa vista, non entenden igual ca nós o seu entorno. Entón están sempre cun mecanismo de autodefensa activado. Non comprenden o que ocorre ao seu redor».
Ellos les explican, a padres e hijos, cuál es el camino para entenderse. Lo hacen a través de pictogramas, dibujos acompañados de texto que se convierten en su voz, en su voluntad. Les enseñan a utilizarlos. Dominarlos es el principal paso hacia la normalidad, hacia la ansiada integración.
Más
casos
Álex
Rivas también padece el mismo trastorno que Rosa. Lleva cuatro años
en Amicos. Para su familia, ha sido la mejor decisión de su
vida. «Era moi duro, sofres ti, porque non o
entendes, pero el tamén porque tampouco é capaz de expresarse»,
confiesa su madre, Susa Vila.
Explica,
con una sonrisa sincera, el cambio que experimentó su hijo: «Antes,
cando iamos comer, tiraba con todo. Ten hiperactividade. Agora é
outro, hai uns días recolleu o prato e puxo o lavalouzas».
Son pequeños pasos, aunque todo un éxito para la gente que desde
hace cuatro años trabaja día tras día con el pequeño.
Álex
acaba de entrar en una de las aulas del centro de Amicos. Su madre lo
abraza antes de que se siente delante de la televisión. Quiere
ver Shrek.
«Pídeselo, pídeselo», le dice. Al instante se levanta y coge un
pequeño libro, conocido como pecs.
En su interior lleva una serie de pictogramas que son su voz para
comunicarse con el mundo. Escoge dos recuadros, un ojo, que significa
ver, y una televisión. Se los muestra a la profesional de Amicos,
que sonríe antes de tomar el mando y dejar que el ogro verde
aparezca en la pantalla.
Para
llegar a ese punto han pasado años. Sus padres también han tenido
que saber cómo se utilizaba ese pequeño libro que ahora es su canal
de comunicación. En ese proceso de aprendizaje se encuentra ahora
Isaac Goti, que también tiene el mismo trastorno que Álex y Rosa.
Él solo lleva desde septiembre en el centro de Amicos.
«Estamos
empezando ahora con los pictogramas. Para mí que esté aquí es una
tranquilidad. Isaac se autoagrede y en la escuela en la que estaba no
podían con él», afirma su madre, Susana Tituaña. «Aquí me
ayudan en todo. Me explican cómo debemos abordar los problemas».
Una
vez que los tres chicos se marchan, las madres comienzan a hablar.
¿Cómo hacer que coma fruta? ¿Cómo lograr que puedan ir solos al
cine? Rosa Sanlés explica que irán al centro comercial el sábado.
Era impensable hasta hace bien poco. «Cando
se fala de integración creo que falamos disto, de que o problema
sexa como facer que coman froita», afirma España. Ellos han
vencido la batalla al autismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario